Para aprender un idioma la mejor forma es vivirlo y practicarlo en el país de origen. Hablar con nativos, escuchar la lengua por la calle y superar pequeños desafíos diarios como buscar piso, hacer la compra o pedir indicaciones para llegar a un lugar, hacen que en poco tiempo se den pasos más grandes en el largo y arduo camino del aprendizaje.

Durante el verano de 2014 tuve la oportunidad de vivir y mejorar mi alemán en Berlín durante un mes y fue una gran experiencia.

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Puerta de Brandeburgo

¿Por qué Berlín?

A la hora de elegir a qué lugar germanoparlante viajar varios fueron los factores que me llevaron a decantarme por la capital alemana:

  • Una ciudad con una historia atractiva y fascinante.
  • Gran oferta cultural (incontables museos, monumentos y parques e innumerables cosas que hacer y ver).
  • Económicos (sorprendentemente los precios de los cursos, alquileres y de la vida en general son más baratos en Berlín que en otras ciudades como Münich o Hamburgo).

 

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La academia: Kapitel Zwei

Después de un exhaustivo estudio de mercado (comparando el número de horas de los cursos y los precios), acabé elegiendo Kapitel Zwei ¡y fue un acierto!

A dos minutos de Alexander Platz, pude mejorar el idioma gracias a profesores nativos que con mucha profesionalidad enseñan de forma entretenida y amena. Los grupos son de máximo 11 perssonas y para que te asignen un grupo adecuado a tu nivel debes realizar un test online y reservar la plaza pagando el curso a través de una transferencia.

El personal de la academia es muy agradable (algunas de las secretarias hablan español) y de vez en cuando organizan actividades después de las clases.

¡Muy recomendable!

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Edificio de la academia “Kapitel Zwei”

 

Alojamiento: wg-gesucht.de

Si bien es verdad que las escuelas te ofrecen la posibilidad de proporcionarte un alojamiento, sin su ayuda puedes ahorrar dinero y embarcarte en la extraordinaria aventura de encontrarlo por tu cuenta, practicando el idioma y conociendo zonas que seguramente como turista no transitarías.

Para los primeros días me alojé en el hotel Transit en Kreuzberg, que a pesar de denominarse hotel es más bien un hostal con buena calidad-precio, ofrece un variado buffet de desayuno, se encuentra en un barrio con mucha vida y bien comunicado con el centro.

Desde allí, aproveché el wifi gratuito para hacer la búsqueda a través de la página www.wg-gesucht.de (especializada en encontrar compañeros de pisos) y concertar las citas con los compañeros a través de Skype.

Encontrar piso en Berlín no me resultó muy complicado (aún lo fue más cuando viví en Londres debido a la gran competencia), aunque se necesita un mínimo nivel de alemán. Tras tres visitas, me quedé con una habitación que se adaptaba a mi presupuesto (310€ el mes completo con los gastos incluidos y 100€ de fianza) en el barrio de Tempelhof-Schöneberg, un barrio residencial y tranquilo a 25 minutos en trasporte público de Alexanderplatz.

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Puente de Oberbaum

La inmersión, intercambios de idiomas y experiencias entrañables.

Después de las clases en Berlín no existe la palabra “Langeweile” (aburrimiento). La ciudad proporciona una gran cantidad de cosas que hacer y ver. Desde la gran oferta de tours (que son como pequeñas clases magistrales de historia) hasta intercambios de idiomas español-alemán.

Un buen plan para los lunes es ir al intercambio de idiomas que organiza “Intercambiando” cada semana en un bar distinto. Gracias a ellos puedes practicar con nativos y conocer gente nueva, distintos puntos de vista y también las cervezas de los diferentes bares. De estos intercambios recuerdo a un señor mayor (de unos setenta años) que aprendía español para luego hacer el Camino de Santiago y que tenía el entusiasmo y las ganas de un joven por aprender nuestra lengua.

Además, quien haya vivido fuera sabrá que al principio cualquier rutina que estás acostumbrado a hacer en tu país con los ojos cerrados en otro país es un pequeño reto. Desde comprar una tarjeta SIM, preguntar cómo llegar a un sitio o si vas en la dirección correcta en el metro, entender en qué contenedor se deben de tirar los diferentes tipos de reciclaje o hacer la compra sin equivocarte de productos. Todo ello, supone que el aprendizaje del idioma sea divertido, más rápido y estimulante.

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Otro plan recomendable y original es ir al cine a ver una película en alemán. Dependiendo del nivel que tengas conviene que el argumento sea más o menos enrevesado. Una de las salas cercanas a Alexanderplatz son las de Cubik. El poder de la pequeña y de la gran pantalla ayuda tanto que un alemán que conocí en los intercambios me aseguró que él había aprendido español viendo telenovelas.

Por último, durante mi mes en Berlín, coincidió con la celebración del Mundial de fútbol de Brasil y que ganó Alemania. Recuerdo la locura de los alemanes con el 1-7 que endosaron a los brasileños en las semifinales y la alegría del dueño del bar cuando finalmente Alemania se proclamó campeona del mundo. Estaba tan feliz que nos invitó a todos los que allí estábamos a un chupito. Unvergesslich!(¡Inolvidable!)

Si estás estudiando alemán te recomiendo viajar a Berlín para avanzar a pasos más rápidos, mejorar el curriculum y vivir una experiencia única.

“Posee sólo lo que puedas llevar contigo, conoce idiomas, conoce países, conoce gente. Haz de tu memoria tu bolsa de viaje.” Alexandr Solzhenitsyn Premio Nobel de Literatura en 1970

Bis bald! (¡Hasta pronto!)

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