Islandia posee un territorio muy grande, repleto de paisajes impresionantes y accidentes geográficos extraordinarios. Posee una superficie de 103.000 km 2, si hacemos la conversión a islas serían: 50,63 veces Tenerife y 28,29 Mallorca. Por ello, es recomendable realizar un itinerario previo para aprovechar la experiencia al máximo y ser consiente de que este se puede tener que modificar durante el recorrido debido a las largas distancias y a que el tiempo puede cambiar de un momento a otro.
En este artículo encontrarás el itinerario de 7 días que nosotros seguimos y que esperamos que pueda ayudarte en la preparación de tu viaje:
Primera noche: Aterrizaje en Islandia
A las 23:20h del 31 de agosto de 2019 nos embarcamos en esta inolvidable aventura. Volamos desde Madrid con la compañía Icelandair y llegamos a la 1:40 hora local al Aeropuerto Internacional de Keflavík. La duración del vuelo fue de 4h 20 minutos.

Tras recoger las maletas, un empleado de la compañía de alquiler Procar nos recogió en la zona de llegadas y nos llevó en una furgoneta a la oficina que se encontraba a 10 minutos del aeropuerto. Una vez rellenamos todos los formularios, nos entregaron a nuestro compañero de aventuras: un Dacia Duster muy cómodo y con gran maletero. Desde allí condujimos hasta el Ace Guesthouse, una casa de huéspedes, situada a 5 minutos del aeropuerto, donde dormimos unas horas antes de comenzar a explorar la isla de hielo y fuego.
Día 1: Circulo de Oro, Seljalandsfoss, Skogafoss y auroras boreales
¡A quien madruga, Odín le ayuda! Después de desayunar algunas de las provisiones que llevamos desde España, nos dirigimos a la zona conocida como el Círculo Dorado donde se encuentran algunos de los iconos naturales de la isla.
Nuestra primera parada fue el valle y Parque Nacional de Thingvellir donde se encuentra la fisura de Siffra, punto donde se separan las placas tectónicas norteamerica y euroasiática. Este bello lugar posee un gran significado para los islandeses, ya que en él se constituyó el primer parlamento del mundo en el año 930 D.C, se proclamó la independencia de Dinamarca en 1944 y se encuentra la residencia de verano del primer ministro de Islandia. Dentro de este parque, que es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 2004, vimos también la primera de muchas cascadas: Öxarárfoss.

A continuación, después de una hora de viaje por carretera descubrimos uno de los fenómenos más curiosos de la naturaleza: los géisers de Haukadalur. ¿Sabías que la palabra géiser es islandesa?

Y el punto y final al Círculo Dorado lo realizamos divisando la espectacular cascada de Gullfoss que al hacernos un día climatológicamente estupendo pudimos verla con el arcoíris.

Sin embargo, el día nos tenía reservadas más cascadas sensacionales. Primero vimos la de Seljalandsfoss, una de las más bellas del país, que se puede admirar desde dentro de una cueva. Para visitarla y no empaparse es imprescindible un chubasquero. Y antes del atardecer, contemplamos la imponente cascada de Skogafoss, de 25 metros de altura, es una de las más altas del país.


Esa noche dormimos en The Barn, un agradable hostal, en el que asistimos a uno de los momentos más mágicos del viaje: las auroras boreales. Fuimos muy afortunados por verlas bailar y disfrutar del mejor espectáculo de las noches nórdicas.

Día 2: playa de arena negra, cañón de Fjadrárgljufur, excursión sobre el glaciar y la laguna de Jökulsárón.
Con la resaca de las auroras boreales, desayunamos y paseamos por la cercana playa de arena negra de Reynisfjara, que sobresale por su costa acantiladada repleta de grandes columnas basálticas y por los farallones de leyenda. Como curiosidad, en esta playa se rodó la película de Noé, protagonizada por Russel Crowe.

Luego cogimos el coche en dirección al cabo de Dyrhólaey. La carretera que lleva a él es muy bella y al llegar al aparcamiento hicimos una pequeña caminata hasta el faro.

Conduciendo por hermosas carreteras, hicimos una parada para almorzar contemplado el fantástico cañón de Fjadrárgljufur. No creo que este blog tenga muchos lectores que sean fans de Justin Bieber, pero si por casualidad hay alguno, le gustará saber que en este lugar rodó un polémico vídeoclip.

Uno de los platos fuertes del día fue el trekking que hicimos por el glaciar Vatnajökull, el más grande de Europa en volumen y el segundo en superficie. Fue toda una experiencia calzarnos las botas de montaña con crampones, caminar sobre el hielo con los piolet en la mano y beber una de las aguas más ricas que he probado en mi vida. También escuchamos el relato de nuestra guía que nos contó las tristes consecuencias que está teniendo el cambio climático en los glaciares.

Y para poner la guinda al día, disfrutamos del atardecer en uno de los lugares más bellos del país: la laguna glaciar de Jökulsárón. Tal y como escribí en otro artículo del blog: “observar cómo se movían los icebergs, como jugaban las simpáticas focas y caían los últimos rayos del sol de ese día es quizás una de las cosas más preciosas que he visto en mi vida”.

Esa noche nos hospedamos en Höfn Cottages (una pequeña cabaña que parecía una casa de muñecas) y cenamos en un restaurante de la zona.
Día 3: Litlanesfoss, Hengifoss, piscina pública de aguas termales y Seyðisfjörður.
Este día vimos algunos lugares que se encuentran fuera de los grandes circuitos turísticos. Por la mañana, condujimos por la bella carretera del sur de la isla y nos detuvimos en el pequeño pueblo de Djúpivogur donde visitamos la curiosa galería de Freevilli que contiene huesos de ballenas y otros animales marinos, minerales, piedras y fósiles. A continuación, hicimos un poco de senderismo para admirar las hermosas cascadas de Litlanesfoss (sorprendente por sus columnas de basalto) y Hengifoss (una de las más altas de Islandia).

Almorzamos en la pizzería Askur de Egilsstaðir, compramos provisiones en el cercano supermercado Bonus y pasamos la tarde al más puro estilo islandés: bañándonos en la piscina pública de aguas termales y disfrutando como niños tirándonos por el tobogán.
Al atardecer paseamos por Seyðisfjörður, un pueblo chiquitito situado en un bello fiordo en la que está ambientada la serie de televisión Atrapados y desde donde salen los barcos hacia Dinamarca y las Islas Feroes. Allí en un modesto apartamento de alquiler vacacional pasamos la noche.

Día 4: la cascada de Dettifoss, Grjótagjá, la zona geotérmica de Námafjall, campos de lava de Dimmuborgir y Godafoss.
Este día para empezar vimos la pequeña cascada de Gufofoss. Acto seguido nos dirigimos por la Dettifoss, la más caudalosa de Europa y que fue inmortalizada en el cine en la película Prometheus. Es impresionante quedarse unos minutos observándola y admirar la fuerza con la que cae el agua.

De camino al volcán Krafla, que tiene la peculiaridad que su cráter está relleno de agua, nos sacamos una foto con una ducha que estaba en mitad de la nada. ¡Sí! ¡Islandia es original hasta en las pequeñas cosas!


Pocos minutos después descubrimos uno de los paisajes más increíbles y marcianos del país: la zona geotérmica de Námafjall. Las fumarolas, la inexistente vegetación y los tonos anaranjados de la tierra hacen que parezca que te hayas trasladado a otro planeta.

Después de un improvisado picnic, fuimos en búsqueda de Grjótagjá (una pequeña cueva de aguas termales en las que está prohibido bañarse pero que es famosa mundialmente por haber aparecido en una de las escenas más sensuales de Juego de Tronos). ¡Nos perdimos! ¡Pero al final conseguimos encontrarla!

Otro lugar fantástico que descubrimos ese día fueron los campos de lava de Dimmuborgir, enclavados cerca del hermoso lago de Mývatn. Se trata de un extraordinario laberinto volcánico en el que la tradición islandesa la sitúa como la residencia de los Yule Lad: 13 hermanos rebeldes hijos de trolls que se encargan de dejar a los niños que se han portado bien 13 regalos, uno cada día, desde el 12 hasta el 24 de diciembre.

Antes de la caída del sol, asistimos a un divino atardecer en Godafoss, la cascada de los dioses, llamada así porque fue el lugar donde los islandeses arrojaron estatuas de dioses nórdicos tras adoptar el cristianismo como religión oficial.

Y en la hora azul condujimos hasta Husavik y descansamos en la preciosa casa Bjarnabúð con vistas al mar.
Día 5: Husavik y Siglufjörður.
La mañana de aquel día esperábamos avistar a la ballena azul, el animal más grande del planeta, y con ese objetivo realizamos una excursión por la bahía de Skjálfandi, hábitat de diferentes especies de cetáceos.

Según la web oficial de turismo de Islandia la mejor época del año para avistar ballenas es desde abril a septiembre. Sin embargo, no tuvimos tanta suerte como la de las auroras boreales y no pudimos verlas. ¡Son las leyes de la naturaleza! ¡A veces la fortuna está de tu lado y otras no!
Aún así, disfrutamos de un paseo en barca por la hermosa bahía de acantilados nevados y avistamos delfines de hocico blanco en su hábitat. Estos cetáceos son autóctonos del Atlántico norte, pueden llegar a pesar 350 kg y medir 3 metros de longitud.

Después de desembarcar en el puerto visitamos el interesante museo de ballenas que se encuentra a tan solo dos pasos del muelle. Es una visita muy recomendable, pues en ella puedes admirar de cerca el esqueleto de una bella ballena azul de más de 22 metros de longitud y aprender más sobre cetáceos y su relación con el pueblo islandés.

Ese día nos dimos el lujo de comer en la terraza del restaurante Salka. Y con el estómago lleno pusimos rumbo a Akureyri, ciudad que con solo 10.000 habitantes es considerada la capital del norte.
Dejamos nuestro equipaje en el alojamiento y sin tiempo que perder condujimos hasta Siglufjörður, un pueblo con encanto que vivió su época dorada en los años 40 y 50 del siglo pasado con la pesca del arenque y que en la actualidad la cultura popular la ha puesto en el mapa gracias a la serie de novelas Islandia negra escrita por Ragnar Jónasson y la internacional serie de televisión Atrapados.

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Para llegar allí sin dar mucha vuelta es necesario atravesar un estrecho túnel de un solo carril (el primero que se construyó en la isla) que parece que lleva al fin del mundo y que, como curiosidad, posee de algunos apartaderos para evitar que los coches se choquen. ¡No recomendable para aquellos que padezcan claustrofobia!
En Siglufjörður, paseamos por sus bonitas calles, descubrimos el lugar donde se rodaban las escenas de la comisaría de Atrapados y nos zampamos un trozo de tarta con vistas al fiordo.


Día 6: El jardín botánico más al norte del planeta, las últimas cascadas y Reikiavik.
Antes del gran maratón de kilómetros que nos esperaba aquel día, comenzamos la mañana paseando tranquilamente por Lystigarður Akureyrar en Akureiri, un pequeño jardín botánico que es único por ser el más septentrional del mundo. Se encuentra a tan solo 50 km del inhóspito Círculo Polar Ártico y en él es posible observar plantas árticas, autóctonas y de regiones frías del mundo como el Himalaya.

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Después del paseo, nos pusimos en marcha rumbo a la capital, en la ruta más larga que hicimos del viaje: casi 400km. Al ser varios conductores nos turnamos cada dos horas e hicimos una parada intermedia, sin desviarnos mucho de la ruta, para ver las cascadas de Hraunfossar y Barnafoss. La primera nos sorprendió porque fue la única que vimos en la que el agua no caía de una gran altura sino que manaba del campo de lava donde se encontraba y la segunda tiene una leyenda que puedes leer en este artículo.

Al llegar a Reikiavik, cansados pero con ganas de aprovechar hasta el último segundo de la aventura islandesa paseamos por Laugavegur, la calle más animada de la ciudad, repleta de bares, restaurantes y tiendas. Esa noche y la siguiente dormimos en Reykjavík Hostel Village.

Día 7: Reikiavik y Blue Lagoon.
El séptimo día aprovechamos la mañana para conocer el lado más cosmopolita y cultural de este país, que rebosa de naturaleza por los cuatro costados.
Primero visitamos la moderna iglesia de Hallgrímskirkja (de rito luterano) que destaca por su original diseño que recuerda a los flujos de lava basáltica que se pueden ver en la isla. La plaza del templo está presidida por una estatua de Leif Eriksson, quien según la tradición islandesa fue el primer europeo que llegó a América aproximadamente 500 años antes que Colón.

A continuación, vimos las bonitas casas de colores de la calle Njarðargata y, tras pasear por el bello y escultórico lago Tjörnin, nos dirigimos al Museo Nacional de Islandia donde realizamos una interesante visita guiada en inglés. Después, contemplamos el austero parlamento cuya plaza está presidida por Jón Sigurðsson, líder del movimiento de independencia de Islandia. Paseamos por el Puerto Viejo y visitamos el mercadillo Koloportid, que solo abre sábados y domingos y es un buen lugar para comprar algún recuerdo.



Almorzamos en el restaurante Apotek, céntrico, con buena decoración y caro como casi todos los restaurante de Islandia. Aunque en realidad la cuenta nos salió más barata porque el servicio se olvidó de lo que habíamos pedido y para compensar nos hicieron varios descuentos y hasta nos regalaron el postre.

De regreso al alojamiento, caminamos por el paseo marítimo y vimos el moderno auditorio Harpa y la inspiradora escultura Viajero del Sol.


Y terminamos el día con uno de los platos fuertes de la isla: Blue Lagoon, una gran piscina al aire libre y con aguas cercanas a los 40ºC donde uno entra de una forma y sale de otra totalmente distinta: mucho más relajada. ¡Sin lugar a dudas fue la guinda a nuestro viaje!

Día 8: Paseo por Reikiavik y despedida.
Antes de hacer las maletas, dirigirnos hacia el aeropuerto y devolver el coche, dimos un pequeño paseo por el centro de la ciudad y visitamos la catedral católica Landakotskirkja, de estilo neogótico.

Y con mucha pena, pero con las maletas cargadas de recuerdos y experiencias inolvidables abandonamos la isla de hielo y fuego soñando con volver algún día y disfrutar de sus auroras boreales, increíbles paisajes, impresionantes cascadas y relajantes piscinas naturales.